6 feb. 2017

Gigoló. El amor tiene un precio

DATOS DEL LIBRO
Título: Gigoló. El amor tiene un precio
Autor: José de la Rosa
Editorial: Titania (de Ediciones Urano, S.A.)
ISBN: 978-84-92916-84-9
Año de publicación: 2015
Género: Romántica, contemporánea
Número de páginas: 288
Sinopsis: Su novio está de viaje, sus amigas ocupadas y María ha decidido hacerlo: contratar los servicios de un gigoló por una sola noche. Sin embargo, aquella experiencia de sexo pagado con un desconocido (Allen) quizá sea más trascendente de lo que esperaba.
Dos años después se encuentran de manera fortuita, cuando ella está a punto de casarse con el hombre de su vida. Así descubre que Allen lleva desde entonces buscándola, y también que una hora de sexo por 500 libras ha podido cambiar sus destinos para siempre. A partir de ahí, María deberá elegir si continúa su perfecta vida tal y como estaba planificada desde que era una niña o si se deja arrastrar por Allen, un hombre tan atractivo como peligroso, y de quien no puede salir nada bueno… ¿Será capaz María de evitar a Allen? ¿Podrá seguir con su vida tras reencontrarse?
Porque no hay mayor traición que ser infiel a una misma, José de la Rosa nos muestra que es posible salirse del guion y empezar de nuevo.
Imagen de la portada: 
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PUNTUACIÓN
puntos  puntos  puntos  puntos


RESEÑA

ATENCIÓN: SPOILERS [destapa partes importantes de la novela. Tranquilos, no lo haré en todas, pero en esta necesitaba explicar varias cosas].

«El amor a raudales, el amor destilado desde corazones que ya habían dejado de latir, distantes en el tiempo pero todos con un rasgo común: algo incontrolable, irrefrenable, que aparecía cuando menos se esperaba y ante el cual ningún arma era efectiva.»
Lo primero que he de decir es que la sinopsis me parece poco acertada, sobre todo porque realmente no te está contando de qué va a tratar la novela, te lo está contando todo. Puede que solo sea yo, pero cuando leí «tendrá que elegir» y poco después «nos muestra que es posible salirse del guion» ya me imaginaba cómo iba a terminar todo. Puede que realmente no sea relevante pero no quería dejar de decir este pequeño detalles que me perturbaba. Ahora sí, vayamos a la reseña.
Este es el segundo libro que leo de José de la Rosa (el primero fue Siete razones para no enamorarse, el cual me fascinó de principio a fin) y esperaba que me impactara tanto como lo hizo su predecesor. Pues bien, he de reconocer que me ha decepcionado un poco. El libro es genial, me ha encantado y lo recomiendo sin lugar a dudas, pero no por la historia romántica. Eso es precisamente lo que me ha dejado un tanto fría. Yo esperaba leer algo romántico, intenso y que tuviera esa chispa que había tenido Siete razones que me tuvo enganchada durante todo el día —que fue lo que tardé en leérmelo—, sin embargo me he sorprendido a mí misma al encontrarme leyendo un libro que me estaba enseñando más cosas sobre la vida que sobre el amor en sí. Pero vayamos por partes y no nos dispersemos.
Hablemos de los personajes, empezando por los secundarios —porque sé que como empiece con los protagonistas no voy a terminar nunca—: Margaret, Karen y la madre de María. La primera es la madre del novio (Edward), una mujer bastante amable y apacible, que se parece bastante en carácter a su consuegra. Lo cierto es que podría llegar a describir a las dos con las mismas palabras. Ambas se preocupan por sus hijos pero son lo suficientemente maduras como para darse cuenta de que ellos son los que deben dirigir sus vidas y no ellas, por muy madres que sean. Se mantienen al margen y solo aparecen cuando sus hijos las necesitan.
La única diferencia reseñable que he logrado ver entre ambas es que, quizás, Margaret sea un poco más refinada, algo completamente plausible teniendo en cuenta que desciende de una familia adinerada de la Londres del siglo pasado. Por el contrario, la madre de María, una andaluza de pura cepa, es más cercana y campechana, rasgo también bastante lógico teniendo en cuenta que ella es de una familia modesta y que trabajó de criada para Margaret y su familia. Ambas mujeres me han encantado, sobre todo el momento de Marga cuando ha cortado a Karen en seco. ¡Cinco puntos para ti, mamá pato!
Karen… Qué decir de esta repelente, metijona y controladora mujer que no haya dicho ya con esos tres adjetivos. Supuesta “mejor amiga” de María, controla la vida de todos los que están a su alrededor, preocupándose por cada mínimo detalle y montando un escándalo si se produce algún problema que haga quedar mal tanto a ella como a sus protegidos. Es la principal causante de que tanto Edward como su madre sepan lo que María ha estado haciendo con Allen, comportamiento el cual reduce a esta frase tan directa (y a la vez, falsa): «Se ha ganado nuestra confianza, ha entrado en nuestro círculo y no ha tenido escrúpulos para revolcarse con ese individuo delante de todos nosotros». El hecho de que, poco después, la llame «zorra» sin ningún pudor es un plus para darle dramatismo a una historia que ni le incumbe ni le interesa, ya que lo único que esa mujer hace con todo el mundo es usarlo de peón en su particular juego de vida rica y aburrida.
Como creo que darle más bombo a una arpía como ella sería demasiada pérdida de tiempo, pasemos a los protagonistas: María, Allen y Edward (no, el orden no es deliberado, los coloqué de mayor a menor importancia).


«El amor a raudales, el amor destilado desde corazones que ya habían dejado de latir, distantes en el tiempo pero todos con un rasgo común: algo incontrolable, irrefrenable, que aparecía cuando menos se esperaba y ante el cual ningún arma era efectiva.»
María va evolucionando junto con la novela. A medida que vamos leyendo nos damos cuenta de que la propia protagonista se desinhibe poco a poco, mostrando su faceta juguetona y volviendo a ser como era antes de lo que ella denomina «La Era Edward». Cuando comenzó a salir con este inglés su forma de ser dio un giro radical para intentar adaptarse a una vida de la que no conocía nada (dicen que la vida de los ricos es muy dura y ella lo demuestra con sus incesantes clases de protocolo, respeto y leyes morales y algo absurdas a veces). El no llamar la atención, callarse lo que pensaba y hasta disculparse cada dos por tres por cualquier cosa que decía cuando no debía eran el día a día de nuestra protagonista. Hasta que se vuelve a cruzar con el guapo Allen.
No repetiré lo que dice la sinopsis porque supongo que la habréis leído —y si no es así ya estás dándole al ratón para echarle un ojearla—, así que me centraré en lo esencial con respecto a Allen. Un tipo peculiar y muy distinto a Edward en muchos sentidos, este moreno de ojos azules, dato que nos deja bastante claro el autor ya que lo repite bastante, supongo que por la fascinación de María por ellos. No he podido evitar quedarme con las ganas de saber más sobre este personaje ya que lo único que sé a ciencia cierta sobre su persona es que, tras conocer a María, su única dedicación fue buscarla. Buscarla y escribir. Puede que este sea el único hobby del muchacho aparte de investigar el paradero de su anónima, preciosa y adictiva amante.
Esto fue algo que me resultó terriblemente chocante, sobre todo porque en su otro libro, de la Rosa profundiza mucho más en la personalidad de ambos protagonistas y te cuenta sus gustos, manías y disgustos. Sin embargo, en el caso de Allen me he quedado bastante sorprendida al ver que he terminado la novela sin apenas saber nada de su persona. De su pasado sabemos algo, como que aún conserva a sus padres, que no pasó por penurias económicas, que su trabajo de gigoló fue para él como otro trabajo cualquiera y que estuvo estudiando. A parte de eso, nada más a destacar. Puede que sea uno de los contras que le pongo a la novela como tal.
Por último, pero no menos importante, tenemos a la perfecta y sinuosa figura de Edward, el eterno prometido. Siendo un niño rico y codeándose con gente como Karen no es de extrañar que se preocupe más por su posición social que por tener una vida feliz. Refutado cirujano, el mejor de su promoción según algunos, se centra tanto en su trabajo y en sí mismo que pasa olímpicamente de los gustos, opiniones y deseos de su prometida María. Sí, es atractivo. Sí, tiene pasta. Pero está claro, y estaréis de acuerdo conmigo, en que eso no lo es todo, y nuestro Ed de cariñoso tiene más bien poquito.
Analicemos pues la situación de María: vive siendo alguien que no es, rodeada de lujos y de gente fina la cual no deja entrever sus sentimientos ni aunque les pinches con un palo; debe guardar siempre la compostura y ser la perfecta novia, además de la perfecta nuera, amiga y empleada —aunque renuncia en un primer momento a la oportunidad de su vida en el trabajo con tal de no jorobar los planes de futuro que su prometido tiene tan bien organizados—; Edward no le hace el menor caso, tanto es esto que muchas veces ni siquiera la escucha.
Obviamente, no es feliz, aunque ella cree que sí. Si con todo ese follón se le cruza un tío que está buenorro, loquito por sus huesos, le baja hasta las estrellas y le dice cosas como «El simple hecho de poder contemplarte a la luz de las velas lo convierte para mí en todo un éxito» o que no haga más que repetirle que quiere —voy a decirlo a lo fino— empotrarla desde hace dos años… A mí me dejaría pensando eh, aunque vi algo excesivo todo lo que Allen prepara para ella. De todas formas esto es a gusto personal porque no soy de las típicas mujeres a las que conquistas con un ramo de flores o una cena en un tejado. Puede que con la de la playa sí, ahí ya me pillas, pero es que madre mía… Resistirse a que te enciendan cientos de velas, a un camarero personal y a un tío como Allen sería ya ser la mismísima reina de las nieves. Pero volvamos al tema, que me desvío con tanto detallismo.
Precisamente por todo el lío que tiene la protagonista en la cabeza es por lo que más me ha calado esta novela. Te das cuenta de que la vida no está para no ser quien eres, para ser una persona distinta simplemente para poder agradar a los demás. Antes de gustarle a nadie tienes que quererte y amarte tú, y no me refiero al físico, si no a la personalidad. Hay que ser seguros, ir a por lo que deseas con determinación y vivir. Sobre todo vivir.
«—Disfruta de la vida —le dijo con un deje de amargura—. Es lo único que nos llevamos al otro lado.»
Admiro muchísimo que una persona consiga hacer lo que ella hace al final de la novela, dejando al amor de su vida durante un tiempo porque piensa “vamos a ver, si no me conozco yo, cómo pretendo que me conozca otra persona. Antes tengo que conocerme y entenderme yo”. Es digno de admiración tener la suficiente fuerza de voluntad como para dejar a la persona que sabes que será o que sería todo para ti con tal de quererte a ti mismo y cumplir tus metas. Es por ello que felicito a José por regalarnos esta novela que tiene bien merecido el premio Titania del 2014 y hacernos reflexionar, viendo que la vida no son solo reglas y protocolos que seguir.
Lo mejor de la novela: La evolución del personaje femenino y la resolución que da a sus problemas. El estilo de escritura también es destacable.
Lo peor de la novela: La poca base e interés por el personaje de Allen cuando el libro lleva por título Gigoló precisamente por su persona. Me hubiera gustado ver más desarrollo en ese sentido.

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